Un nuevo estudio nos desvela cómo el viaje del Sol, a lo largo de sus 4600 millones de años de vida, ha moldeado el planeta tal y como lo conocemos. Es algo que resulta muy curioso porque permite entender que lo que sucede en nuestro planeta no solo viene determinado por la propia actividad del Sistema Solar…
El viaje del Sol y su impacto en la Tierra
En el centro del Sistema Solar, el Sol influye en todos los planetas que orbitan a su alrededor. Ahora, dos estudios desvelan cómo algunos episodios, en la historia de nuestra estrella, podrían haber contribuido a crear el clima de la Tierra. No solo eso, también podrían ayudar a entender algunos cambios climáticos que hasta ahora no tenían explicación. En uno de los estudios, la NASA ha reconstruido la trayectoria de la heliosfera. Esa gran burbuja creada por el Sol que envuelve el Sistema Solar, mientras se desplazaba por la galaxia.

Durante su viaje, esa travesía afectaba al clima terrestre a lo largo del camino. En otro estudio, un equipo diferente de la NASA investiga cómo el Sol en su juventud. Era mucho menos brillante que ahora, pero consiguió calentar la Tierra y favorecer la producción de gases de efecto invernadero. Durante las últimas decenas de millones de años, el clima de nuestro planeta ha pasado por cambios importantes. Entre ellos, glaciaciones en las que la temperatura media global descendió varios grados. En esos períodos, las oscilaciones climáticas provocaban fases de calentamiento y enfriamiento.
Para explicar esos episodios, los científicos han estudiado aspectos propios de la Tierra. Cosas como los cambios en su órbita, los gases de efecto invernadero y el hielo. Sin embargo, el primer estudio apunta a que los cambios en el entorno del Sol podrían ser fundamentales para comprender esas variaciones de temperatura. A fin de cuentas, igual que la Tierra está envuelta por una atmósfera, todo el Sistema Solar está dentro de una especie de atmósfera creada por el Sol, a la que llamamos heliosfera.
Las condiciones en el interior de la heliosfera
Esta burbuja protectora se forma gracias al flujo continuo de partículas cargadas del viento solar, que se desplazan desde el Sol en todas direcciones. La heliosfera orbita alrededor del centro de la Vía Láctea, a medida que lo hace el Sol. A lo largo de todo este tiempo, la heliosfera ha atravesado diferentes regiones de la galaxia. Los investigadores han usado modelos informáticos para reconstruir la trayectoria de la heliosfera. Los resultados muestran que los entornos que atravesó podrían haber provocado cambios en la Tierra.
Las simulaciones muestran que el Sol se ha encontrado con grandes regiones frías de gas y polvo al menos tres veces durante los últimos millones de años. En esos momentos, esas nubes interestelares comprimían la heliosfera hasta el punto de reducirla incluso por debajo de la órbita terrestre. De manera que nuestro planeta quedaba fuera de ese escudo protector. Estos episodios, ocurridos aproximadamente hace entre 2 y 3 millones de años, entre 6 y 7 millones de años y entre 13 y 14 millones de años, habrían expuesto la atmósfera a un entorno muy diferente.
Los resultados de las simulaciones coinciden con las pruebas geológicas: los elementos abundantes en el polvo interestelar aparecen en los sedimentos del fondo del océano, la nieve antártica y en muestras de material lunar de esas épocas. Estos episodios de colapso de la heliosfera también podrían explicar antiguos patrones climáticos de la Tierra. En las simulaciones, cuando la atmósfera terrestre quedaba expuesta a una de estas nubes, aumentaba la cantidad de vapor de agua y cambiaba la dinámica de las capas altas de la atmósfera.
El impacto del viaje del Sol en la superficie de la Tierra
Esto, a su vez, alteraba las condiciones en la superficie. En resumen, esos cambios en la heliosfera podrían ser importantes para explicar algunos cambios climáticos antiguos, incluyendo posibles glaciaciones. En el segundo estudio, la atención se centra en un antiguo misterio: cómo consiguió el Sol, en su juventud, calentar lo suficiente la Tierra joven como para permitir la existencia de vida. Hace 3000 millones de años, el Sol tenía solo el 70% del brillo actual. En esas condiciones, la Tierra debería haberse congelado por completo.

Sin embargo, las pruebas geológicas muestran que ya existía agua líquida estable mucho antes. Esto es algo que conocemos como la paradoja del Sol joven y débil. Una pista está en otras estrellas jóvenes similares al Sol. Esas estrellas son propensas a episodios de mucha actividad. En concreto, los datos del telescopio Kepler muestran que las estrellas jóvenes similares al Sol producen superllamaradas con mucha frecuencia. Si nuestro Sol se comportaba así, ese bombardeo podría haber desencadenado las reacciones químicas esenciales para calentar la Tierra.
En experimentos en laboratorio, se ha observado que, tras bombardear una simulación de atmósfera de la Tierra primitiva con protones (para simular las partículas procedentes de las superllamaradas), se producía óxido nitroso. Es un gas de efecto invernadero 300 veces más potente que el dióxido de carbono.
Esto podría ayudar a explicar cómo la Tierra pudo conservar el calor suficiente (de hecho, la mayoría de ese óxido nitroso se perdió por la radiación ultravioleta, pero bastaba un 10% para explicar los resultados). No solo eso: esa pequeña cantidad de óxido nitroso podría haber acelerado la aparición de la vida. Es un ejemplo fantástico de cómo el viaje del Sol pudo moldear la Tierra…
Estudios
Los estudios son:
M. Opher; «Understanding the Heliospheric Shield: Laying the Groundwork to Predict Habitable Astrospheres». Publicado en la revista Annual Review of Astronomy & Astrophysics el 28 de mayo de 2026. Puede consultarse en este enlace.
K. Kobayashi, V. Airapetian, T. Udo et al.; «Proton Irradiation of Primitive Atmospheres of Young Exoplanets and Early Earth: N2O Greenhouse Warming and Prebiotic Synthesis». Publicado en la revista The Astrophysical Journal Letters el 21 de abril de 2026. Puede consultarse en este enlace.
Referencias: NASA