Las matemáticas podrían ser un lenguaje mucho más útil de lo que pensamos. Por su utilidad para explicar cómo es el mundo, son muy importantes para la ciencia. Un estudio demuestra que las abejas pueden comprenderlas… ¿y si también fuese un lenguaje apto para comunicarnos con posibles civilizaciones extraterrestres? Lo repasamos en esta serie de dos artículos…
Las matemáticas como posible lenguaje extraterrestre
Desde que el ser humano aprendió que el universo contiene billones de galaxias, y que cada una contiene miles de millones de estrellas (o incluso más), hay una pregunta que se ha convertido en inevitable. ¿Hay vida inteligente más allá de la Tierra? Durante más de sesenta años, uno de los aspectos más intrigantes de la astronomía ha sido la Búsqueda de Vida Inteligente Extraterrestre (SETI, por sus siglas en inglés). Pero por ahora no se ha logrado encontrar resultado alguno que demuestre, convincentemente, que hay civilizaciones lejos del Sistema Solar.

Esto ha llevado, inevitablemente, a preguntarse cuáles son los métodos y las posibles señales de actividad tecnológica (algo a lo que también conocemos como tecnofirmas) que se deberían buscar. Además, en los últimos tiempos se ha empezado a ampliar la búsqueda para incluir diferentes formas de comunicación que podrían utilizar esas civilizaciones. Hay una idea que ha guiado, de manera persistente, la investigación de SETI. Se trata del hecho de que debería existir un lenguaje universal: las matemáticas, el lenguaje de la ciencia.
Aunque comunicarse con una civilización extraterrestre estaría sujeto a muchos obstáculos culturales y biológicos que no podemos imaginar, se da por hecho que los números son el lenguaje universal del universo. Durante años, un grupo de investigadores de la Universidad de Monash y de la Universidad del Royal Melbourne Institute of Technology (RMIT) han llevado a cabo varios experimentos que han demostrado que las abejas pueden comprender las matemáticas. Su trabajo abre nuevas posibilidades y propone una nueva vía para SETI.
Un lenguaje que va más allá de cualquier barrera
En su trabajo, los investigadores explican que los seres humanos comparten rasgos en comunicación, cooperación y capacidad matemática que podrían servir como modelo para posibles comunicaciones interestelares. Uno de los problemas de esas comunicaciones es la gran distancia que nos separa de otras estrellas. Es uno de los motivos por los que siempre se ha pensado en los mensajes de radio como un candidato ideal. Las ondas de radio se propagan muy bien por el espacio. Además, la teoría de la relatividad nos recuerda que la probabilidad de un contacto en persona es muy baja.
Casi con total seguridad, cualquier intercambio se producirá por medio de comunicaciones a larga distancia. Las respuestas tardarían décadas, como mínimo, en llegar (a menos que la comunicación fuese con una de las estrellas más cercanas al Sol). Pero, sin un lenguaje compartido, el entendimiento mutuo sería imposible. La idea de las matemáticas como lenguaje universal es antigua. Uno de los primeros ejemplos conocidos es el de Galileo Galilei, quien escribió en 1623 que el universo era un gran libro “escrito en el lenguaje de las matemáticas”.
Era una frase que reflejaba el espíritu de la Revolución Científica (que tuvo lugar aproximadamente entre los siglos XVI y XVIII) y el énfasis en el mundo natural, considerado algo que se podía entender y que estaba regido por leyes racionales. El concepto también se ha explorado a fondo tanto en el ámbito académico como en la ciencia ficción. Entre los ejemplos más destacados que menciona el equipo figuran la novela Contact de Carl Sagan, El problema de los tres cuerpos, de Cixin Liu y la novela corta La historia de tu vida, de Ted Chiang, que se adaptó al cine en 2016 como La Llegada.
También ha habido intentos reales de comunicación interestelar
Hay también varios ejemplos reales en los que el ser humano ha enviado mensajes codificados al espacio con la esperanza de que alguna civilización extraterrestre los encuentre algún día. Aunque lo cierto es que se enviaron principalmente con una motivación mucho más mundana, buscando demostrar la capacidad tecnológica o los últimos avances. El primero fue el mensaje de Arecibo, el primer intento de la humanidad de enviar un mensaje a una posible inteligencia extraterrestre en 1974. Aunque naturalmente no se sabe si podría haber alguna civilización allí.

El proyecto estuvo liderado por Frank Drake (entre otros) que también encabezó el Proyecto Ozma. Este último fue el primer intento de buscar vida inteligente extraterrestre lejos del Sistema Solar. El mensaje de Arecibo se emitió desde el observatorio de Arecibo, en Puerto Rico. Contenía información sobre matemáticas, la humanidad, el Sistema Solar, el ADN y el propio observatorio, todo ello basado en números primos dispuestos en un rectángulo de 73 líneas con 24 caracteres por línea. Solo fue el primer paso en esa lista de intentos por comunicarnos.
Otro gran ejemplo son las placas de las sondas Pioneer, que acompañaron a las misiones Pioneer 10 y 11, y los archipopulares discos de oro de las sondas Voyager, que viajan a bordo de Voyager 1 y 2. Todos estos mensajes, creados con la ayuda de Carl Sagan, Eric Burgess y Frank Drake, estaban codificados en el lenguaje de las matemáticas. Los discos de oro de las Voyager también incluían sonidos e imágenes que representaban la vida en la Tierra, y sus cubiertas llevaban grabadas instrucciones para reproducirlos. ¿Cómo se relaciona todo esto con las abejas? Lo veremos en el segundo artículo.
Referencias: Universe Today