Ya conocemos algunos de los hallazgos científicos de la misión Artemisa II, gracias al informe preliminar que ha publicado la NASA, donde recoge las experiencias de la tripulación, tanto durante todo el vuelo en sí, que se extendió a lo largo de nueve días, como durante el sobrevuelo de la Luna y el eclipse solar que pudieron presenciar…
Los hallazgos científicos de Artemisa II son muy variados
El 1 de abril de 2026, la tripulación de la misión Artemisa II despegó a bordo del cohete SLS de la NASA. Tres horas y media después del lanzamiento, la etapa superior del cohete se separó de la nave Orión, bautizada como Integrity por la tripulación, y los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen comenzaron un viaje de casi diez días alrededor de la Luna. Esta era la segunda misión del programa Artemisa. Fue un paso muy importante hacia el regreso del ser humano a nuestro satélite, por primera vez, desde la época del programa Apolo.

Crédito: NASA
Además, Artemisa II proporcionó una oportunidad de observación, investigación científica y recopilación de datos que no existía desde las misiones Apolo. Durante el viaje, los astronautas estudiaron la geología de la cara oculta de la Luna, observaron impactos en su hemisferio nocturno y también las salidas de la Tierra y el Sol desde aquella misma zona. Ahora, se han procesado los datos de la misión y la NASA ha publicado mucha información interesante al respecto, incluyendo un informe que proporciona muchos detalles sobre qué es lo que vieron las cuatro personas, lo que documentaron y cómo vivieron aquellos nueve días.
El propio documento deja pocas dudas sobre su valor, explicando que «mediante fotografías, observaciones verbales, dibujos y anotaciones, la tripulación de Artemisa II ha creado un registro científico único, que ahora está disponible para que la comunidad científica y el público puedan seguir estudiándolo». Entre los hitos más destacables, hay algunas cosas que merece la pena mencionar, como una espectacular imagen que la tripulación capturó de la Tierra iluminada solo por la luz reflejada de la Luna. Aunque la imagen que vemos ha sido retocada para aumentar ese brillo de una manera muy pronunciada.
Una descripción muy especial
¿Qué aspecto tiene nuestro planeta visto de noche desde el espacio? Seguramente la respuesta correcta es que depende de a quién le preguntemos. Para los científicos de la misión era mucho más que una imagen bonita. Mostraba sistemas meteorológicos, auroras en ambos polos, diferentes capas de la atmósfera, una columna de polvo del Sáhara, luz zodiacal y las luces de las ciudades. Pero, además, hay un factor muy importante que no podemos perder de vista: hay muchos satélites de observación de la Tierra, pero muy pocos que puedan ver el planeta en su conjunto, de la forma en que hizo la tripulación.

Crédito: NASA
Christina Koch destacaba sus sensaciones al ver que era la luz de la Luna, en vez de la del Sol, la que iluminaba la cara nocturna de la Tierra. Ella misma decía que: «Ahora mismo siento que la Luna es como una esponja de luz y la Tierra es como un espejo. La Tierra no tiene exactamente el aspecto que vemos en las fotografías. No se distingue ese azul intenso y profundo. Es un azul claro muy, muy brillante. Los continentes, por su parte, tienen un tono verde azulado muy, muy oscuro. Pero, en conjunto, todo es como un azul eléctrico». Es una descripción que hace pensar en algo increíble, a lo que las fotos no hacen justicia.
Pero, sin ninguna duda, el plato gordo de la misión era el sobrevuelo de la Luna. La tripulación sabía que se iba a encontrar con un eclipse solar total visto desde la posición de la cápsula Orión. Podrían ver cómo la Luna, durante más de 50 minutos, bloqueaba por completo la luz del Sol ofreciendo una oportunidad única para disfrutar de un espectáculo que ningún otro grupo de seres humanos ha visto de esa manera. Y, desde luego, no hay dudas de que aprovecharon la oportunidad, dejando muchísimas anotaciones y observaciones.
Un eclipse total espectacular
Mientras pasaban por detrás de la Luna, los astronautas pudieron ver un eclipse mucho más largo de lo que podríamos ver en cualquier punto de la Tierra, incluso en las condiciones más favorables. Esto, por supuesto, fue una oportunidad sin precedentes para estudiar la corona solar. Desde la Tierra, solo es visible durante el momento de totalidad de un eclipse solar total o, en su lugar, desde el espacio con misiones espaciales dedicadas a ello. Esta capa exterior de la atmósfera del Sol es responsable de la meteorología espacial, y la tripulación pudo observar su evolución y transformación durante una hora.

Crédito: NASA
El eclipse también permitió que los astronautas pudiesen ver la luz zodiacal alrededor de la Luna. Es un brillo tenue provocado por la luz del Sol reflejada en el polvo interplanetario. Esto permitió estudiar aspectos que, generalmente, quedan ocultos por la luz. Además, también observaron impactos de meteoroides contra la superficie de la Luna. En otras circunstancias, estos destellos habrían demasiado tenues para detectarlos. Junto a esto, la tripulación disfrutó de una vista sin igual de las estrellas. Además de los planetas Marte, Saturno, otras galaxias y la Vía Láctea, sin el impacto de la contaminación lumínica.
Jeremy Hansen explicaba algo que resulta muy difícil de imaginar para quienes no hemos abandonado nunca el planeta. Explicaba que las estrellas, vistas desde el espacio, son diferentes. «Tienen una profundidad que no se aprecia desde la Tierra. Así que parecen estar más cerca o más lejos dependiendo de su brillo. Seguramente ese brillo no tenga nada que ver con su distancia, sino con la luminosidad de las propias estrellas. Y realmente tienes la sensación de que puedes ver dónde están dentro de la galaxia». Es algo que invita a pensar qué sensación tendrían las personas, sin esa formación, que un día puedan ver algo así. Y hay más hallazgos científicos de Artemisa II que comentar. La segunda parte de esta serie estará disponible en este enlace el 15 de octubre.
Referencias: Universe Today