Con una gravedad seis veces más baja que la de la Tierra, una pregunta que puede parecer innecesaria, pero es tremendamente importante, es cómo fluye el agua en la Luna. A fin de cuentas, la gravedad es esencial para entender la dinámica de fluidos y sabemos cómo se comporta en la gravedad terrestre y en microgravedad… pero, ¿qué hay de nuestro satélite?

Estudiar cómo fluye el agua en la Luna es difícil

Si algún día tenemos astronautas en la Luna, una cuestión muy importante será el cultivo de alimentos. Conseguir alimentos frescos será fundamental si queremos que los astronautas puedan comer algo más que comida liofilizada. Criar animales en la superficie del satélite, en estos momentos, es tremendamente difícil. La mayoría de los responsables de planificación de misiones consideran que la mejor solución es recurrir a las plantas. Sin embargo, todavía no se entiende bien cómo fluye el agua en la Luna, en condiciones de gravedad mucho más reducida que la que experimentamos en la superficie de la Tierra.

¿Cómo fluye el agua en la Luna?
La cuenca Aitken, en el polo sur de la Luna, fotografiada por la nave Apolo 8.
Crédito: Apollo Flight Journal, Apollo 8

Por eso, un grupo de investigadores ha publicado un trabajo en el que analizan la física del comportamiento del agua bajo la gravedad lunar. Cultivar plantas en el espacio no es una idea nueva. La Estación Espacial Internacional lleva años albergando instalaciones como Veggie y el Hábitat Avanzado para Plantas (APH, por sus siglas en inglés). Algunos investigadores lograron que germinasen las semillas de Arabidopsis thaliana en suelo auténtico de la Luna, traído durante las misiones del programa Apolo. Sin embargo, el agua se comporta de manera diferente en la EEI, donde se encuentra en condiciones de microgravedad.

El problema es que hay algunos obstáculos importantes que superar para conseguir que las plantas utilicen el agua en el suelo real de la Luna. En nuestro planeta, la dinámica de fluidos está dominada por la gravedad. Sabemos qué efecto tiene. Hace que el agua se desplace por el suelo de una manera muy predecible. En microgravedad, en cambio, dominan las fuerzas capilares. Esto hace que sea difícil hidratar las raíces de las plantas o proporcionarles una aireación adecuada. La Luna tiene una gravedad reducida, en la que los líquidos se comportan de una manera que no es exactamente igual a la que observamos en la Tierra ni en microgravedad.

Hace falta recurrir al ingenio

Por desgracia, es muy difícil estudiar ese comportamiento sin viajar hasta la Luna. Por ahora, realizar esos experimentos directamente es casi imposible. Así que los investigadores tienen que buscar formas ingeniosas de realizar esos experimentos en condiciones que simulen la gravedad que podemos encontrar en nuestro satélite. Las técnicas tradicionales, como las torres de caída libre o los vuelos parabólicos, permiten generar esas condiciones durante, como mucho, decenas de segundos. No es tiempo suficiente para observar realmente cómo reaccionan los líquidos. Así que los investigadores optaron por una misión.

Concretamente, la misión New Shepard 29 (NS-29) de la compañía Blue Origin, que tuvo lugar en febrero de 2025. Después de separarse del propulsor, la cápsula activó sus propulsores y comenzó a girar 11 veces por minuto. Esto generó una aceleración centrífuga artificial de unos 1,76m/s². Es decir, lo que experimentaríamos en la superficie de la Luna. El experimento duró unos dos minutos. Puede que no parezca mucho tiempo, pero es bastante más de lo que permiten los vuelos parabólicos. En la cápsula NS-29 viajaba el experimento, que consistía en una estructura impresa en 3D con 18 cavidades llenas de líquido.

Además de una cámara Arducam y un sistema de retroiluminación LED. Las cavidades contenían tres líquidos diferentes: agua desionizada, teñida de amarillo, una disolución de glicerol al 30%, teñida de azul, y una disolución salina al 0,8%, teñida de rojo. Cada cavidad tenía paredes con distintas formas: eran verticales o estaban inclinadas a 15° y 20°. Con todo esto, los investigadores pudieron ver cómo se curvaba la superficie de los líquidos al entrar en contacto con las paredes. A partir de esto, pudieron utilizar una serie de ecuaciones para calcular diferentes factores, como la tensión superficial, en condiciones de gravedad lunar.

El agua fluye en la Luna de una manera sorprendente

El experimento ha permitido descubrir algunas cosas muy llamativas. La más evidente es que la curvatura de la superficie de los líquidos cambiaba al estar en condiciones similares a la gravedad lunar. Su forma era más redondeada, en comparación con los perfiles más planos que se ven en la Tierra. Otra característica interesante fue que esa gravedad más baja permitía que las películas de líquido más gruesas se adhiriesen con más facilidad a las paredes. Esto formaba columnas de líquido más altas de lo que se esperaría con la gravedad de nuestro planeta. También hubo sorpresas en forma de discrepancias.

Imagen de los diferentes líquidos en el experimento.
Crédito: K. Hasenstein, J. Kiss y C. McKay

Por ejemplo, tanto la tensión superficial como la longitud capilar que se habían medido eran inferiores a los valores que indica la teoría. Aunque explican que esto podría deberse a cómo es la propia estructura, impresa en 3D, a nivel microscópico. Aunque también podría deberse a las particularidades del vuelo espacial, pequeñas fugas en las juntas u otras interacciones con las paredes de las cavidades. En cualquier caso, todo esto ha servido para extrapolar, también, cómo podría comportarse el agua en el suelo de la Luna en la realidad. El regolito lunar es extremadamente seco e hidrófobo. Es decir, repele el agua y hace difícil que penetre en el terreno.

A mayor profundidad, el tamaño de los granos es más grande y esto permite que el agua pueda filtrarse con más facilidad. Por todo esto, como el agua tiene que acumularse en algún lugar, es posible que forme depósitos estancados que podrían asfixiar las raíces de las plantas por la falta de oxígeno. Hay diferentes soluciones, como el uso de glicerol o la hidroponía (cultivo sin tierra). Pero primero necesitaremos avanzar hasta el punto de que necesitemos cultivar alimentos en la Luna. Para ello, habrá que dar muchos otros pasos antes…

Estudio

El estudio es K. Hasenstein, J. Kiss y C. McKay; «Assessing Water Dynamics at Lunar Gravity». Publicado en la revista Microgravity Science and Technology el 12 de septiembre de 2026. Puede consultarse en este enlace.

Referencias: Universe Today