Aunque solemos pensar en terraformar Marte como un gran reto climático, lo cierto es que lo más complejo sería el aspecto industrial. Es lo que plantea un nuevo estudio, que analiza cómo se podría llevar a cabo algo tan grande y complicado como la transformación de las condiciones de un planeta…
Terraformar Marte es una pesadilla industrial
La idea de terraformar Marte es algo que se ha mencionado en diferentes ocasiones y que es muy popular, especialmente, en el mundo de la ciencia ficción. Cambiar el entorno de un planeta no es algo que pueda hacerse con facilidad. En las últimas décadas, muchos científicos e ingenieros han estudiado el problema, llegando a la misma conclusión. No vamos a poder convertir Marte en algo parecido a la Tierra en un futuro cercano. Ahora, un nuevo estudio explica por qué, pero antes de entrar en materia, hay que recordar cómo se imagina el proceso.

Generalmente, se piensa en cinco etapas diferentes. La primera es el estado actual. Es decir, un mundo extremadamente frío y con una presión atmosférica muy baja, un lugar donde no podemos vivir sin soporte vital. La segunda etapa es un estado en el que la presión en superficie supera el punto triple del agua, al menos durante un tiempo. Hay que recordar que el punto triple provoca que, a esa presión y temperatura, las tres fases del agua puedan coexistir en equilibrio. La siguiente etapa sería un objetivo de ingeniería: un invernadero en el que pudiera llevarse a cabo agricultura a gran escala a nivel local o regional.
Esto implicaría el uso de invernaderos gigantes. Curiosamente, es algo que resultaría más sencillo en Marte porque la mayor presión dentro de las cúpulas (unos 100 milibares) ayudaría a mantener su integridad estructural frente a la presión más baja del exterior. A este método se le suele llamar paraterraformación, y puede ampliarse hasta abarcar todo el planeta si fuese necesario. En ese escenario, se convertiría en algo así como una «casa mundial». La cuarta etapa, seguramente, es una de las más interesantes para el ser humano.
Una presión compatible con la vida
Porque, al seguir aumentando la presión atmosférica del planeta, se acabaría llegando a una presión de 62,7 milibares. Es suficiente para que la sangre humana no hierva, en la superficie del planeta, a 37 ºC. Algo que resulta imprescindible si de verdad queremos terraformar Marte. La última etapa sería una atmósfera completamente respirable, con una gran reserva de nitrógeno y unos 210 milibares de oxígeno (y 500 milibares de presión total), además de una temperatura mucho más alta que la que el planeta rojo tiene hoy en día.
Desgranado de esta manera, puede parecer un proyecto más que razonable y con objetivos realistas. Pero lo cierto es que al hablar de algo tan grande como terraformar un planeta, en la práctica cada etapa es un trabajo monumental. Por ejemplo, para llegar a solo 1 milibar de presión, necesitaríamos añadir 3,89×10^15 kg de gas. Dicho de otra manera, equivale casi a toda la masa de Deimos, el satélite más pequeño de Marte. Y, en realidad, llegar a una atmósfera que sea respirable exigiría más bien unos 10^18 kg. Aproximadamente la masa de Jano, un satélite de Saturno.
No es necesariamente una mala noticia, porque debería haber centenares de objetos de ese tamaño en el Sistema Solar. Por lo que quizá se podría sacrificar uno en ese proceso de terraformación. Pero la presión es solo una parte del rompecabezas, la otra es la temperatura. Tendríamos que aumentar la temperatura media de Marte en 60ºC para alcanzar condiciones globales estables en las que el agua se mantenga en estado líquido. Hay varias formas de hacerlo, desde inyectar nanopartículas que absorban radiación de onda corta en la atmósfera hasta liberar enormes cantidades de dióxido de carbono.
Terraformar Marte desde el punto de vista industrial quizá sea posible en un futuro lejano
Se ha llegado a sugerir, incluso, colocar espejos gigantes en torno a Marte para concentrar la luz del Sol sobre el planeta. Pero el estudio apunta a que harían falta unos 70 millones de kilómetros cuadrados de espejos. Es algo que está muy por encima de nuestra capacidad industrial actual. Para crear una atmósfera respirable en la que nuestra sangre no hirviera, necesitaríamos producir 8,2 × 10^17 kg de oxígeno. La forma más sencilla de conseguirlo sería separarlo del agua. Eso requeriría obtener incluso más agua, ya que en el proceso de conversión de agua en oxígeno se pierde parte de la masa en forma de hidrógeno.

Esa cantidad de agua equivaldría a seis metros cúbicos de agua por cada metro cuadrado de la superficie de Marte. ¿Las buenas noticias? En realidad, hay suficiente agua en la superficie de Marte para hacerlo, e incluso sobraría para crear océanos y lagos. De hecho, toda el agua necesaria para crear la atmósfera representa solo alrededor del 20% del hielo en superficie y sería fácil acceder a él. El auténtico obstáculo, en realidad, es la energía. Para convertir la cantidad de oxígeno necesaria para la atmósfera, haría falta un mínimo de 1,2 × 10^25 julios.
Incluso repartido a lo largo de 1000 años, eso exigiría una potencia continua de 380 teravatios, casi veinte veces nuestro consumo energético global anual actual. No hay forma realista de evitar tener que recurrir a toda esa energía y, además, no tenemos capacidad de producirla. Pero quizá sí lo sea para nuestros descendientes lejanos, especialmente si se pueden aprovechar las propias características del planeta para producir energía allí. Pero, por ahora, solo podemos contentarnos con imaginar cómo será esa transformación… si es que llega algún día.
Estudio
El estudio es S. Turyshev; «Terraforming Mars: Mass, Forcing, and Industrial Throughput Constraints». Puede consultarse en arXiv, en este enlace.
Referencias: Universe Today