El programa lunar tripulado de China está avanzando tan bien como cabría esperar, según se ha podido ver en las últimas pruebas de la agencia espacial del gigante asiático. Todo parece avanzar a buen ritmo para convertir en realidad los plazos que han anunciado, con el objetivo de enviar una misión tripulada hacia el año 2030…
El programa lunar tripulado de China no parece sufrir retrasos
China ha logrado varias hazañas muy destacadas en los últimos años, gracias a un programa espacial muy ambicioso. Ahora, como parte del plan para construir un asentamiento en la Luna que compita con el programa Artemisa de la NASA, el país está desarrollando un nuevo cohete y la cápsula que llevará a los futuros astronautas hasta la superficie del satélite. Allí se construirá la Estación Internacional de Investigación Lunar (ILRS, por sus siglas en inglés). El objetivo de China es que todo comience antes de que termine la década. O, al menos, ese es el plan que tienen en mente.

El pasado 11 de febrero, la Agencia China de Vuelos Espaciales Tripulados (CMSA, por sus siglas en inglés) llevó a cabo una prueba muy importante con su nuevo cohete, Long March-10 (o Larga Marcha-10) y la cápsula Mengzhou. La prueba se llevó a cabo en el centro espacial de Wenchang, en la provincia de Hainan (en el sur del país). Allí, se hizo una demostración de vuelo a baja altitud del Long March-10 y una prueba de aborto en vuelo de la nave Mengzhou. Fue el primer lanzamiento del cohete y permitió comprobar cómo se comporta en la fase más peligrosa de un despegue.
Poco después de comenzar su ascenso, un cohete espacial pasa por lo que se conoce como Max Q en inglés: la presión dinámica máxima. Es un momento muy delicado en el que, habitualmente, se reduce un poco la potencia de los motores para minimizar el peligro. Porque, si algo va mal en el cohete (un fallo en su estructura, por ejemplo), es durante este momento cuando suele manifestarse. ¿Por qué sucede poco después de despegar? Cuando el cohete acelera, atravesando las capas más densas de la atmósfera, es cuando el estrés aerodinámico alcanza su punto máximo.
Una prueba muy satisfactoria
La prueba de aborto en vuelo, por su parte, evalúa el sistema de seguridad de la cápsula que llevará a la tripulación. Es el mecanismo que permite separarla del cohete en caso de emergencia, alejando a la tripulación rápidamente del peligro. En este ensayo, tanto la cápsula como la primera etapa del cohete completaron la secuencia con éxito y terminaron en las zonas de recuperación previstas. Desde la CMSA, Ji Qiming, su portavoz, explicaba para la televisión del país que esta prueba de lo que llaman «las cinco primeras veces».
Añadiendo que «es el primer vuelo con encendido del cohete Long March-10. Es la primera prueba, que hace China, del escape durante la presión dinámica máxima para una nave espacial. También es el primer amerizaje y recuperación en el mar de la cápsula de retorno de una nave tripulada. Es el primer amerizaje en el mar del cuerpo de la primera etapa del cohete. Y es la primera misión de lanzamiento con encendido desde la nueva plataforma construida para misiones lunares». El cohete Long March-10 es un vehículo nuevo, parcialmente reutilizable.
Ha sido diseñado para las misiones lunares tripuladas. Tendrá dos configuraciones: una primera con tres etapas y dos aceleradores laterales (los llamados boosters en inglés), con un aspecto muy similar al de cohetes como Falcon 9, de SpaceX, o Vulcan y Atlas V de United Launch Alliance. La segunda variante, llamada 10A, tendrá dos etapas y no usará aceleradores. El cohete utiliza siete motores en paralelo, que utilizan oxígeno líquido (LOX) y queroseno como combustible. La nave Mengzhou (en chino, “Nave de los Sueños”) es reutilizable y, según lo previsto, podrá llevar entre 6 y 7 astronautas.
Queda un camino muy largo por delante
Tras separarse la nave, el cohete continuó su ascenso hasta alcanzar la altura y velocidad que necesitaba la agencia. En ese momento, apagaron sus motores. Después, comenzó una fase de planeo y cambió de orientación varias veces, pasando de estar orientado hacia delante a estarlo hacia atrás. A unos 110 km de altitud, desplegó cuatro aletas de rejilla para preparar el aterrizaje. Después, se encendieron dos motores para realizar un descenso controlado, seguido de una desaceleración aerodinámica en la que las aletas de rejilla se encargaron de frenar y ajustar la trayectoria.

En la fase final del descenso, se encendieron tres motores y el cohete maniobró hacia la zona designada. Cuando estaba a solo unos metros sobre el nivel del mar, se mantuvo en suspensión mientras los equipos en tierra probaban un mecanismo de amarre, para simular lo que sería una recuperación con un sistema de red desde la superficie. Este es el método que utilizará la CMSA para recuperar sus cohetes tras cada lanzamiento. Finalmente, el cohete amerizó en la superficie del mar y el equipo de recuperación procedió a su recogida.
Según se explicaba, con este vuelo de prueba han validado el perfil de ascenso de la primera etapa del cohete y su perfil de regreso a la Tierra. Por lo que las siguientes pruebas de vuelo serán todavía más prometedoras al tener ya información suficiente para controlar estos aspectos. Es un ensayo que acerca a China a su gran objetivo de llevar astronautas a la superficie de la Luna en 2030 y, posteriormente, enviar misiones tripuladas a otros destinos más lejanos, como Marte. Y todo esto sin mencionar las muchas misiones que tienen o tendrán en curso próximamente…
Referencias: Universe Today