Una de las grandes preguntas de la ciencia es cuánto duran las civilizaciones. A fin de cuentas, es algo imprescindible para poder entender qué posibilidades tenemos de encontrar vida inteligente lejos del Sistema Solar. Ahora, un estudio intenta dar respuesta a esta pregunta tan compleja…
La vida de las civilizaciones es difícil de calcular
La paradoja de Fermi es una de las más célebres de la astronomía. Si todo nos hace pensar que la vida extraterrestre es común, ¿por qué no hemos logrado encontrar civilizaciones en otros lugares de la galaxia? El universo tiene 13 000 millones de años. Solo la Vía Láctea contiene unos cien mil millones de estrellas (o más según las estimaciones). Muchas de esas estrellas tendrán planetas a sus alrededores. Y, en teoría, un buen puñado de esos mundos estarán en el rango de temperaturas adecuado para que haya agua líquida en su superficie.

En las estimaciones que se suelen plantear como más razonables, lo que se obtiene es que la vida debería haber surgido muchas veces, en muchos lugares, mucho antes de que nuestro propio planeta se hubiese formado. A pesar de esto, no hay señales de su existencia. No hay visitantes extraterrestres. No hay evidencias de inteligencia lejos de nuestro planeta. La paradoja de Fermi se mantiene en pie desde que se planteó, hace 75 años, y no parece que se vaya a conseguir responder en un futuro cercano. Aunque eso es lo que busca conseguir este nuevo trabajo.
Dos investigadores se han enfrentado a la paradoja desde un enfoque diferente. En lugar de preguntarse por qué no hemos encontrado otras civilizaciones, Sohrab Rahvar y Shahin Rouhani se han preguntado qué nos dice ese silencio. La respuesta permite establecer un techo matemático sobre cuánto tiempo es probable que sobrevivan las civilizaciones tecnológicamente avanzadas que puedan existir en otros lugares de la galaxia. De hecho, las implicaciones de cada planteamiento también resultan de lo más interesantes.
Lo que cuenta un planteamiento optimista y uno pesimista
Por ejemplo, si optamos por los planteamientos más optimistas, lo que se sugiere es que la vida inteligente surge con cierta facilidad en planetas como la Tierra. La gran cantidad de planetas similares, en la galaxia, significa que debería haber muchas civilizaciones. Así que la ausencia de cualquier contacto implica, por necesidad, que ya no existen. La galaxia es lo bastante antigua como para que una civilización tecnológica, que existiese desde hace mucho tiempo, se hubiese dado a conocer. Habríamos detectado sus señales, o nos habríamos encontrado con sus sondas…
O quizá incluso alguna pista de su tecnología. Algo que nos permitiese determinar sin duda que esa civilización existe. Pero no es el caso, no hemos encontrado pista alguna de la existencia de civilizaciones tremendamente antiguas. Los investigadores se han basado en la archipopular ecuación de Drake. Es una fórmula que intenta estimar el número de civilizaciones en la galaxia en un momento dado. Además, lo hacen al añadir un aspecto importante: una restricción importante en la comunicación en el espectro electromagnético.
Nuestros radiotelescopios han estado observando el firmamento el tiempo suficiente como para que nuestro cono de luz (la región del espacio desde la que las señales podrían habernos alcanzado) abarque la historia completa de la galaxia remontándose a unos 100 000 años. Es decir, cualquier civilización que hubiera existido durante esa ventana, y que estuviera emitiendo señales detectables, ya debería haber sido captada. Como no sucede así, lo que sostienen los investigadores es que el problema no está en que nuestra tecnología sea primitiva.
La ausencia de civilizaciones parece real
En su lugar, lo que indica es una ausencia auténtica. Los autores del trabajo concluyen que, si la vida inteligente es común, las civilizaciones tecnológicas deben sobrevivir no más de unos 5000 años. Ni millones de años, ni, siquiera, decenas de miles. Cinco mil años, una cifra que implica que toda la historia del ser humano está dentro de esa zona de peligro. Hemos sido una civilización tecnológica, en un sentido real, solo durante unos 200 años. Estamos, estadísticamente hablando, al comienzo del periodo más vulnerable de nuestra existencia.

El trabajo plantea diferentes amenazas: impactos de asteroides, erupciones de supervolcanes, cambio climático, pandemias, guerra nuclear, inteligencia artificial, biotecnología fuera de control… Además, se fijan en nuestro propio pasado y destacan que la historia está llena de civilizaciones que colapsaron. Desde los romanos a los mayas (entre otros). Civilizaciones que nunca llegaron a recuperarse. En un mundo tan interconectado como el nuestro, una catástrofe que acabe con una civilización podría, por primera vez, ser a escala global.
Eso sí, esto no quiere decir que una civilización pueda vivir como máximo 5000 años. En su lugar, lo que establece es que, de media, no deben sobrevivir mucho más. De otro modo no se podría explicar el silencio que se observa. Siguen cabiendo otras opciones, como que estemos entre las primeras civilizaciones de la historia del universo, o que directamente las distancias entre civilizaciones sean demasiado grandes. Quizá lo más incómodo es eso, que nos obliga a pensar en nuestra propia civilización: quizá desaparecer por nuestra propia mano sea inevitable…
Estudio
El estudio es S. Rahvar, S. Rouhani; «Constraining the Lifespan of Intelligent Technological Civilization in the Galaxy». Puede consultarse en arXiv, en este enlace.
Referencias: Universe Today