La NASA ha detallado algunos de los avances que ha realizado de cara a la misión LISA. Aunque no llegará hasta dentro de una buena temporada, porque su lanzamiento se espera a mediados de la década de 2030, ya están trabajando en todo lo necesario…
Los avances para preparar la misión LISA
La NASA ha dado un paso más para convertir la misión LISA en realidad. Específicamente, la agencia espacial ha explicado sus últimos avances, centrándose en el desarrollo de un nuevo telescopio, fabricado íntegramente con vidrio, para la misión LISA (por las siglas de Laser Interferometer Space Antenna). Será un observatorio espacial diseñado para detectar ondas gravitacionales y, se espera, ofrecerá una sensibilidad todavía mayor en el estudio de este fenómeno, que ya se ha convertido en una de las ramas más interesantes de la astronomía moderna.

Crédito: NASA
Según ha explicado la agencia espacial estadounidense, la empresa L3Harris Technologies se encargará de diseñar, ensamblar e integrar este nuevo telescopio. La Unidad de Prueba de Ingeniería (Engineering Test Unit, en inglés) será el paso previo a la fabricación de los instrumentos que sí se utilizarán en la misión real. Aunque, por ahora, tendremos que armarnos de paciencia, porque la misión LISA, que está dirigida por la Agencia Espacial Europea (ESA), no se espera que vuele hasta mediados de la década de 2030.
La NASA, en este caso, actúa como socio y se encarga de proporcionar los telescopios, y otros componentes esenciales. También está dando apoyo a nivel científico y de ingeniería. Todo esto, con el objetivo de entender mejor el universo, porque la misión LISA va a permitir profundizar en el estudio de las ondas gravitacionales y del pasado del universo de una manera que no es posible con ninguna otra herramienta. La misión, por sí misma, también supone un paso adelante en términos de complejidad.
Una misión tan ambiciosa como complicada de desarrollar
La misión desplegará tres satélites en una órbita que seguirá a la Tierra alrededor del Sol. Volarán en formación triangular, con una separación de 2,5 millones de kilómetros. Cada satélite tendrá dos telescopios que utilizarán haces de láser infrarrojo para transmitir y recibir señales simultáneamente entre las diferentes naves. De esta manera, los tres satélites tienen como trabajo medir los pequeños cambios que se pueden producir en esas distancias y que estarían provocados por el paso de ondas gravitacionales.
El propio equipo de la misión explicaba que estos cambios son tremendamente pequeños. De hecho, son menores que el ancho de un átomo de helio. Conseguir detectarlos permitirá que LISA sea capaz de captar una gran cantidad de ondas gravitacionales de baja frecuencia que ahora mismo pasan desapercibidas en las instalaciones que tenemos en la Tierra. ¿Qué quiere decir esto? LISA podría detectar cosas como fusiones de agujeros negros supermasivos a miles de millones de años luz.
También permitiría obtener mapas detallados de sistemas binarios compactos que estén formados por enanas blancas, estrellas de neutrones y agujeros negros de masa estelar, que estén en el vecindario del Sistema Solar. Otra posibilidad es que esta misión sirva para entender mejor la gravedad en sí misma, lo que podría dar la oportunidad de responder a preguntas que todavía no tienen solución. En cualquier caso, para eso primero tendrá que llegar el lanzamiento de la misión…
Ya han comenzado algunas pruebas esenciales
Cada telescopio estará fabricado con Zerodur, un material vitrocerámico, ámbar, que se utiliza por su capacidad de resistir las deformaciones en un rango de temperaturas enorme. En 2024, L3Harris entregó a la NASA un prototipo que sirvió como unidad de desarrollo de ingeniería para preparar esta nueva fase. Las pruebas han sido muy satisfactorias, por lo que ha explicado el equipo. Esta será la última unidad de pruebas antes del vuelo y el primer telescopio óptico que recibirá la Agencia Espacial Europea.

Crédito: NASA/Dennis Henry
Hace solo unos meses, en junio de este mismo año, el equipo ya entregó un modelo de la estructura del telescopio, pero fabricado con metal en vez de vidrio. Por lo que la misión LISA ya está dando sus primeros pasos y los avances son fantásticos. Cada una de las tres naves espaciales de LISA contiene un cubo de oro y platino que flota libremente. A esto se lo conoce como una masa de prueba. La nave volará alrededor del cubo y controlará su entorno para conseguir que se desplace por el espacio únicamente bajo la influencia de la gravedad.
En 2016, la misión LISA Pathfinder de la ESA demostró que era posible reducir las fuerzas no gravitatorias que actúan sobre las masas de prueba hasta los niveles necesarios para detectar ondas gravitacionales. Ahora, queda mucho trabajo por delante, porque se está trabajando en aspectos como sistemas que controlen las condiciones en las que estén esas masas. Habrá que esperar unos años para saber cuándo se lanzará la misión, pero promete ser una de las grandes revoluciones de la próxima década.
Referencias: NASA