Viajar a otras estrellas es una de las ideas más populares de la ciencia ficción. En el mundo real, ofrecería oportunidades inmensas para entender mejor la galaxia (y el universo). Por supuesto, también sería todo un sueño pensando en la posibilidad de que llegue el día en el que el ser humano pueda viajar a otras estrellas…

Para viajar a otras estrellas hay algunas opciones muy interesantes

Hace poco se confirmaba que el exoplaneta rocoso LHS 1140b tiene atmósfera. Es un mundo muy interesante porque orbita dentro de la zona habitable de su estrella. Es una enana roja que está a 48 años luz de la Tierra. Al encontrarse en la zona adecuada para que pueda tener agua en estado líquido en su superficie, LHS 1140b podría tener lo necesario para que la vida haya llegado a aparecer en algún momento. Aunque el descubrimiento de la atmósfera fue posible gracias a la detección de helio escapando de ella, podría haber otros elementos más cerca de la superficie.

Viajar a otras estrellas podría ser una realidad pronto
Concepto artístico del exoplaneta Gliese 486 b. Crédito: NASA, ESA, CSA, Joseph Olmsted (STScI)

El estudio de exoplanetas por medio de telescopios es algo que nos resulta muy familiar. Ofrece muchas oportunidades, pero, ¿y si algún día pudiésemos viajar a otras estrellas y estudiar esos mundos de cerca? Hasta hace solo unos años, la idea parecía algo exclusivo del terreno de la ciencia ficción. El avance de la tecnología ha permitido, sin embargo, comenzar a hablar de misiones que, en las próximas décadas, sí podrían tener como objetivo visitar estrellas cercanas. Algo que permitiría estudiar los planetas que puedan tener en su entorno.

La idea más popular, sin duda, es la de naves espaciales en miniatura, que podrían soportar los rigores de los viajes interestelares. Algo muy importante, en cualquier investigación que queramos plantear, es que se pueda llevar a cabo durante la vida de una persona, en lugar de ser algo que tenga que transferirse a la siguiente generación. Las naves pequeñas son más baratas y fáciles de impulsar que las naves más grandes. La miniaturización también está siendo una pieza esencial para permitir que tecnología cada vez más compleja ocupe un espacio pequeño.

Todavía no es una realidad… pero cada vez estamos más cerca de conseguirlo

El mejor ejemplo de miniaturización lo encontramos en algo tan cotidiano como los teléfonos móviles. En un dispositivo que ocupa poco más que la palma de nuestra mano tenemos, en esencia, un ordenador con cámaras, con un consumo de energía razonablemente bajo. Eso ahora se puede trasladar a naves interestelares, de un tamaño minúsculo, que podrían acelerarse a velocidades en torno al 10 o 20% de la velocidad de la luz usando una cantidad de energía inmensa, pero que sí podría estar a nuestro alcance.

El desarrollo de estas misiones es sencillo: las naves se acercarían a los sistemas estelares elegidos, sin detenerse, observarían los objetivos elegidos durante el sobrevuelo y, después, enviarían la información lentamente de vuelta hacia la Tierra. Es una idea perfectamente plausible que permitiría estudiar de cerca las estrellas cercanas al Sol y los planetas que tengan a su alrededor. Es un concepto que ya se ha explorado gracias a iniciativas como Breakthrough Starshot. En su caso, el programa buscaba enviar naves en miniatura al sistema de Alfa Centauri.

En su caso, se planteaba el uso de velas de luz para propulsar las naves a velocidades enormes. Para conseguirlo, se utilizaría un láser que, desde nuestro planeta, las impulsaría hasta alcanzar alrededor de un 20% de la velocidad de la luz. Los fotones, al chocar con la vela, impulsarían a la nave por medio de la presión ejercida al reflejarse. Aunque esa presión es muy pequeña e imperceptible para un ser humano, si es un haz lo suficientemente intenso y la membrana reflectante suficientemente ligera, entonces la luz puede funcionar como sistema de propulsión.

No hay ninguna misión concreta… ¿por ahora?

Para poder impulsar naves de este tipo haría falta un sistema con una potencia de decenas de gigavatios. Aunque se ha planteado cómo y dónde se podría construir algo así, no se ha llegado a materializar en una propuesta concreta. El mayor inconveniente de una misión así es que, por la velocidad a la que se movería la nave, solo tardaría unos días en recorrer el sistema estelar que visite. El avance de la inteligencia artificial también podría ser una ayuda inmensa para una misión así.

Concepto artístico de Breakthrough Starshot. Crédito: Breakthrough Initiatives

Esas naves podrían permanecer inactivas durante décadas hasta que, finalmente, la IA se active para preparar todo para esas jornadas de visita del sistema estelar que esté visitando la nave. Todavía estamos lejos de pensar en una misión concreta que visite otras estrellas. Pero los avances que se están produciendo, en muchos campos diferentes, llevan a pensar que quizá no haya que esperar tanto como parece. A fin de cuentas, las velas solares (que parten de la misma idea pero utilizan la luz del Sol) ya son un concepto bien asentado.

Lo que está claro es que, tarde o temprano, el ser humano será capaz de enviar naves diminutas a lugares cada vez más lejanos. Primero, parece lógico suponer, el destino serán regiones cada vez más alejadas de nuestra estrella. Pero, en algún momento, comenzará a plantearse seriamente la posibilidad de enviar naves al medio interestelar y a otras estrellas. Próxima Centauri, al ser la más cercana, será uno de los objetivos más obvios. Pero… ¿y si algún día LHS 1140b también recibe una visita de esas naves? Quizá no sea solo ciencia ficción…

Referencias: The Conversation