Una de las preguntas más intrigantes en la búsqueda de vida extraterrestre inteligente es si podríamos haber recibido señales extraterrestres y, simplemente, no darnos cuenta. Eso es, precisamente, lo que plantea un nuevo estudio, que intenta determinar qué podríamos esperar encontrar hoy en día…

Señales extraterrestres que hubieran llegado y hubieran pasado desapercibidas

Durante décadas, la comunidad científica ha buscado señales de tecnología extraterrestre. Es algo a lo que conocemos como tecnofirmas. Ahora, un nuevo trabajo se plantea una pregunta que es muy intrigante. ¿Y si esas tecnofirmas ya nos hubieran alcanzado y, simplemente, no nos hubiésemos dado cuenta? Han pasado más de 60 años desde que se llevase a cabo el primer experimento de búsqueda de vida extraterrestre inteligente, en 1960. Desde entonces, se ha estudiado el cielo en busca de pistas de civilizaciones avanzadas en la Vía Láctea.

¿Y si ya hubiéramos recibido señales extraterrestres?
Concepto artístico del exoplaneta rocoso HD 85512 b, una supertierra. Crédito: NASA

Generalmente, se buscan cosas como ondas de radio, destellos en el espectro visible e incluso firmas térmicas en infrarrojo que pudiesen ser producto de grandes construcciones. Hasta el momento, no se ha logrado encontrar, ni siquiera, una señal que haya planteado serias dudas sobre un posible origen tecnológico. Por suerte, ese silencio de otras posibles civilizaciones que habiten la galaxia tiene una explicación sencilla. Aunque seis décadas es mucho tiempo, hemos observado solo una pequeña parte del universo y hemos considerado pocas posibilidades (todavía).

Además, queda una duda que es incluso más difícil de responder. ¿Y si alguna señal llegó hasta la Tierra pero no llegamos a captarla? Una tecnofirma es cualquier señal (o incluso un resto físico) que apunte a la existencia de tecnología avanzada más allá de la Tierra, fuera de toda duda. Un ejemplo clásico sería el captar una transmisión de señales de radio que emita, por ejemplo, una secuencia de números primos. A fin de cuentas, estos números no tienen ningún significado especial en el marco de la naturaleza (solo en las matemáticas).

El problema de detectar una tecnofirma

Para que podamos detectar una tecnofirma, han de darse dos condiciones indispensables. La primera es física: la señal debe llegar a la Tierra. El segundo es una cuestión de instrumentos: necesitamos tecnología capaz de registrar esas tecnofirmas. Además, hace falta estar observando en la dirección correcta, tener la sensibilidad suficiente para captar la señal y, todavía más importante, conseguir distinguirla de señales naturales. Esto tiene una implicación importante: una señal podría cumplir la primera condición (pasar por nuestro entorno) pero no la segunda.

Podría ser demasiado débil, demasiado corta, emitirse en una longitud de onda que no se esté observando o incluso ser tan tenue como para quedar oculta en el ruido de fondo del universo. Esto nos lleva a una idea que se ha repetido muchas veces a lo largo de los últimos años. Es posible que en este tiempo, alguna tecnofirma sí haya llegado a nuestro planeta, pero haya pasado desapercibida. Si eso fuese cierto, incluso en estos momentos podríamos estar recibiendo más señales, esperando a que nuestros instrumentos mejoren.

El estudio, del físico teórico Claudio Grimaldi, de la EPFL (Escuela Politécnica Federal de Lausana, en Suiza), se centra precisamente en lo que significaría descubrir, hoy en día, que hubiésemos tenido contactos en el pasado que no fueron detectados. Por ello, se pregunta cuántas señales tendrían que haber cruzado la Tierra, desde 1960, para que fuese razonable esperar una detección en el presente. Así como desde qué distancias sería más probable que viniesen. En su planteamiento, las tecnofirmas se modelan como emisiones de especies tecnológicas (o de su propia tecnología) en algún lugar de la galaxia.

Reconocer señales extraterrestres puede ser muy difícil

Esas emisiones viajan a la velocidad de la luz y pueden durar desde periodos muy cortos, días, hasta escalas muy largas, miles de años. En el trabajo, se considera que la Tierra habría sido contactada si una señal pasase por nuestro lugar en el espacio, pero la detección solo ocurriría si la fuente estuviese lo bastante cerca como para que el instrumento pudiera distinguirla. En su trabajo, Grimaldi une tres aspectos diferentes: el número de contactos pasados, la duración típica de las tecnofirmas y el rango de distancias que pueden observar los instrumentos actuales (o los que pudiéramos tener en un futuro cercano).

Recreación de un atardecer en el exoplaneta Gliese 667Cc. La estrella más cercana es la enana roja Gliese 667 C, en la derecha aparecen Gliese 667 A y Gliese 667 B, las tres forman parte de un sistema solar triple. Crédito: ESO/L. Calçada

En el modelo se consideran tanto señales omnidireccionales como las unidireccionales. Lo más llamativo es que, pese a lo que pudiéramos creer, el hecho de que la Tierra pudiese haber recibido alguna señal en el pasado, y pasar sin ser detectada, no nos deja más cerca de estar a punto de detectarlas. Para que existiese una probabilidad alta de detección de una señal cercana (a unos cientos o incluso miles de años luz), haría falta que en el pasado hubiese pasado una cantidad enorme de tecnofirmas. En muchos casos, la cifra sería tan alta que resulta poco probable.

La cosa cambia si se consideran tecnofirmas longevas y que procedan de toda la galaxia. La detección sería más razonable a distancias de varios miles de años luz o más. Por ello, se concluye que, si hubiese señales extraterrestres que hayan llegado a nuestro planeta, lo más probable es que sean o muy poco frecuentes, de lugares muy lejanos o muy duraderas, en vez de señales frecuentes y cercanas. Dicho de otro modo: si queremos captar señales extraterrestres, habrá que buscar en grandes regiones de la galaxia, no solo en nuestro vecindario cósmico.

Estudio

El estudio es C. Grimaldi; “Undetected Past Contacts with Technological Species: Implications for Technosignature Science”. Publicado en la revista The Astronomical Journal el 16 de febrero de 2026. Puede consultarse en este enlace.

Referencias: Phys