Los cerebros de los astronautas también se ven afectados por la ausencia de gravedad, cuando se encuentran en la Estación Espacial Internacional (o en una misión lejos de la Tierra). Un nuevo estudio desvela que, de hecho, la microgravedad provoca cambios en la forma que tiene…
Los cerebros de los astronautas también se ven afectados
El vuelo espacial es muy exigente para el cuerpo humano. En ausencia de gravedad, los músculos se atrofian, los huesos pierden densidad y los fluidos corporales se desplazan y se comportan de manera diferente. Ahora, se está entendiendo que los cerebros de los astronautas se ven afectados y cambian de forma. En la Tierra, la gravedad ayuda a mantener el cerebro fijo en su sitio, y el líquido cefalorraquídeo que lo rodea sirve como amortiguador.

En realidad, la comunidad científica ya había descubierto que, sin el tirón constante de la gravedad, el cerebro tiende a desplazarse hacia arriba. Este trabajo muestra que, además, también se estira y se comprime en diferentes zonas. Los investigadores han llegado a esta conclusión tras estudiar las resonancias magnéticas de 26 astronautas tomadas antes y después de sus misiones en la Estación Espacial Internacional. Esas imágenes se compararon con las que se tomaron de 24 voluntarios que participaron en un experimento en nuestro planeta.
Consistía en permanecer en reposo en cama con la cabeza inclinada hacia abajo. Pasaron 60 días tumbados con un ángulo de seis grados para imitar cómo la microgravedad hace que los fluidos y los órganos se desplacen hacia la cabeza. Así, los investigadores han descubierto diferencias importantes entre los cerebros de los astronautas y los de los voluntarios. En ambos casos, se observó un desplazamiento, pero en el caso de los astronautas, el cerebro se había desplazado más verticalmente. Además, el cambio era más pronunciado cuanto más larga fuera la estancia en el espacio.
Los efectos según la duración de la misión
En las misiones de un año, se observó que la corteza motora suplementaria (que ayuda a controlar el movimiento) había ascendido unos dos milímetros y medio en los astronautas. Para hacer más compleja la situación, el desplazamiento del cerebro no es uniforme. Los investigadores observaron que, a medida que se mueve, se comprime en la parte superior y posterior, mientras otras zonas se estiran. Esto tiene un efecto significativo en el equilibrio y la coordinación. Algo que se pudo comprobar en las pruebas realizadas al volver al planeta.
Allí observaron que los astronautas que habían experimentado los mayores movimientos cerebrales eran los que tenían más dificultades para mantenerse en equilibrio. Esto es clave pensando en el futuro de la exploración espacial. Con misiones espaciales cada vez más largas, entender estos efectos se convierte en algo esencial para poder mitigarlos. El estudio ha demostrado que se producen cambios significativos en la posición del cerebro dentro del cráneo. Es un paso esencial para entender mejor el efecto que tienen los vuelos espaciales.
Ayudará a comprender mejor cómo afecta a los cerebros de los astronautas y al comportamiento. La buena noticia es que, tras unos meses desde el regreso a la Tierra, el cerebro vuelve a su posición normal. Pero los investigadores necesitan entender mejor todo el proceso para garantizar unas condiciones lo más seguras posible en las misiones más largas. Como, por ejemplo, las que se plantean en algún momento de la década de 2040, cuando Estados Unidos espera enviar seres humanos rumbo a Marte. Todavía queda mucho tiempo.
El impacto en los cerebros de los astronautas en misiones muy largas
La exploración espacial tripulada se encuentra en un momento muy importante. El programa Artemisa está a punto de comenzar sus misiones tripuladas (con Artemisa II, este mismo año) y, pensando en el futuro, llegará un momento en el que las misiones al planeta rojo sean algo rutinario. Si se cumplen los sueños de Elon Musk y SpaceX, veremos lanzamientos rutinarios a Marte con el objetivo de establecer asentamientos permanentes. Los viajes durarán varios meses (en cada dirección) y se desarrollarán en un entorno diferente al que nos resulta familiar.

Porque la Estación Espacial Internacional, que suele estar a unos 450 kilómetros de altura sobre la superficie, está protegida por el campo magnético de nuestro planeta. Es decir, los astronautas no están expuestos a la radiación más intensa. Lejos de ese campo protector, el aumento de radiación puede afectar a los astronautas de una manera más importante. Por eso, se sabe que habrá que diseñar naves con una mejor protección frente a la radiación. También habrá que entender el impacto en la salud mental de viajes tan largos y lejanos.
En esas distancias, hay que recordar, las comunicaciones sufren retrasos cada vez mayores. En el caso de Marte, cuando ambos planetas están en extremos opuestos, el retraso puede llegar a los veinte minutos. Algo que también afectará al comportamiento de la tripulación. Así que el estudio de los cerebros de los astronautas es solo uno de los muchos pasos necesarios para asegurar que esas misiones lleguen a buen puerto. En ese camino, además, también se realizarán descubrimientos y avances que permitirán mejorar la salud de todos los que nos quedaremos en la Tierra…
Estudio
El estudio es T. Wang, R. Odor, Y. De Dios et al.; «Brain displacement and nonlinear deformation following human spaceflight». Publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences el 12 de enero de 2026. Puede consultarse en este enlace.
Referencias: Phys