Un nuevo estudio plantea que, si en algún momento se encontrase vida en la atmósfera de Venus, su origen podría estar, en realidad, en las formas de vida de la Tierra. Algo que se debería a los impactos que ha sufrido nuestro planeta a lo largo de miles de millones de años…
La vida de Venus podría haber llegado desde la Tierra
La teoría de la panspermia plantea que la vida podría esparcirse por el espacio a través de asteroides, cometas y otros objetos. Cuando los bloques básicos de la vida surgen en un planeta, esas colisiones pueden expulsar material de la superficie al espacio. Es posible que, en ese material expulsado estén las semillas de la vida para que pueda aparecer en otros mundos. Durante décadas, la comunidad científica ha discutido sobre si esto podría haber ocurrido entre la Tierra y Marte, en ambas direcciones. Pero, ¿y si Venus también formase parte de este escenario?

Es algo que tiene que ver con la posible existencia de vida microbiana en las nubes de Venus. Algo que ha motivado que se plantee la existencia de transferencias de material entre Venus, la Tierra y Marte. En un nuevo estudio, un equipo de investigadores analiza esta idea a fondo. Para ello usan algo conocido como la ecuación de la vida en Venus (VLE, por sus siglas en inglés), que desarrolló un grupo de investigadores en 2021. Los modelos que desarrollaron plantean que la vida podría sobrevivir en las nubes de Venus, al menos durante un puñado de días por siglo, gracias al material expulsado desde la Tierra.
De forma similar a la ecuación de Drake, la VLE divide la probabilidad de que haya vida en una serie de factores que, al multiplicarse, proporcionan una estimación. Expresada matemáticamente, la VLE es L = O x R x C. Es decir, L, la probabilidad de que haya vida en el presente, es un valor entre 0 y 1. 0 significa ninguna posibilidad y 1 certeza absoluta. O es el origen; hace referencia a la posibilidad de que la vida apareciese y se estableciese en Venus. R es la robustez (la posibilidad de que exista una biosfera y aguante los cambios) y C es la continuidad (la posibilidad de que las condiciones habitables se mantengan).
Una fórmula intrigante
Con este marco de trabajo en mente, los investigadores analizaron primero qué sucede con cualquier material orgánico. Porque, para poder sobrevivir en la atmósfera de Venus, sin importar cuál fuese su origen, tendrá que sobrevivir primero al viaje por el espacio. Además del choque en el momento de impacto, hay que tener en cuenta otros aspectos como el calor generado en el proceso. Temperaturas extremas, radiación, el vacío del espacio… son multitud de factores que van a afectar a esos bloques de la vida y, naturalmente, jugarán en su contra.
Pero, con la ayuda de modelos por ordenador, y el estudio de meteoritos encontrados aquí en la Tierra, se ha entendido que el material orgánico puede sobrevivir a la eyección y al viaje a otros planetas. Al llegar a Venus, ese material orgánico tendrá que dispersarse dentro de las nubes o por encima de ellas si quiere sobrevivir. Con esto en mente, los cálculos del equipo se centraron en cómo se comportarían los bólidos en la atmósfera de Venus. Es decir, los meteoritos que se convierten en bolas de fuego. Los investigadores analizan su explosión y fragmentación en piezas que pudieran flotar en las nubes.
Para ello utilizaron un método que describe la fragmentación de un bólido al atravesar una atmósfera. Una vez que el bólido explota en la atmósfera, la resistencia aerodinámica dispersa esos fragmentos de manera horizontal, formando algo similar a una tortita de material disperso, a la que el equipo se refiere como células. Por medio de este modelo, y de estudios previos para determinar el valor de los dos primeros parámetros, el equipo calculó la cantidad total de bólidos transportados desde la Tierra o Marte hasta las nubes de Venus.
La posibilidad de vida de la Tierra (o Marte) en la atmósfera de Venus no es ínfima
Así, han descubierto que podría haber cientos de miles de millones de esos pequeños fragmentos (o células) que podrían haber viajado desde la Tierra hasta las nubes de Venus. No solo eso, cientos de miles de millones podrían seguir siendo potencialmente viables. Eso sí, la mejor estimación del modelo muestra que, cada año terrestre, se dispersan en las nubes de Venus unos 100 fragmentos. En los últimos 1000 millones de años, podrían haber viajado desde nuestro planeta unos 20 000 millones de células rocosas. ¿Quiere decir esto que podría haber vida de la Tierra en la atmósfera de Venus?

Naturalmente, el equipo no llega a plantear esta posibilidad. De hecho, reconocen que su modelo no recoge todos los detalles de las interacciones entre bólidos y atmósfera. Además, cada parámetro de la VLE está sujeto a incertidumbres enormes. Es el mismo problema al que nos enfrentamos con la popular ecuación de Drake. Al menos, la VLE sí demuestra que la panspermia entre la Tierra y Venus es posible, pero no se puede afirmar mucho más. Si en una futura misión robótica, en la atmósfera de Venus, se encontrase vida en las nubes, cabría la posibilidad de que procediese de la Tierra.
Este, además, es el único escenario plausible en el que se puede imaginar un Venus habitado en el presente. La superficie del planeta es demasiado hostil, con una temperatura constante de unos 460 ºC. Algo que no varía entre el día y la noche, ni entre la región ecuatorial ni los polos. También se ha planteado que Venus pudiese tener vida microbiana hace miles de millones de años, pero no se ha llegado a encontrar ningún indicio convincente. El segundo planeta más cercano al Sol todavía tiene muchos misterios que solo se podrán entender con más misiones…
Estudio
El estudio es E. Guinan, T. Austin, J. O’Rourke et al.; «A Panspermia Origin For Venus Cloud Life». Puede consultarse en este enlace.
Referencias: Universe Today