Marte es el cuarto planeta, y el último de los planetas interiores. Recibe su nombre de la mitología romana, y también es conocido como el planeta rojo. De hecho, otras civilizaciones le dieron el nombre por ese color tan característico: los antiguos egipcios lo llamaron «Her Desher», que significa «el rojo», y los antiguos chinos los llamaron «la estrella de fuego»…

La superficie de Marte

Marte, fotografiado por el telescopio Hubble en 2003. Crédito: NASA, ESA, and The Hubble Heritage Team (STScI/AURA)
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Marte, fotografiado por el telescopio Hubble en 2003.
Crédito: NASA, ESA, and The Hubble Heritage Team (STScI/AURA)

El regolito de Marte (esa capa de material suelto que cubre la superficie) está repleto de minerales ricos en hierro que, al oxidarse, adquieren ese tono rojizo tan conocido. El suelo de la Tierra también es un regolito, pero está cargado de materia orgánica.

Marte tiene una atmósfera muy fina, y muy fría (la NASA nos ha contado cómo la perdió y por qué es así en la actualidad), por lo que no puede mantener agua líquida, en su superficie, en ningún momento del año marciano, y eso a pesar de que se encuentra dentro de la zona habitable del Sol (que es la distancia a la estrella en la que podría haber agua líquida). Eso provoca que, a pesar de ser la mitad de grande que la Tierra, tenga la misma cantidad de terreno seco.

Geología del planeta

El Monte Olimpo fotografiado por la sonda Viking 1. Crédito: NASA
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El Monte Olimpo fotografiado por la sonda Viking 1.
Crédito: NASA

El Planeta Rojo tiene la montaña más alta y el valle más profundo (y grande) de todo el Sistema Solar. El Monte Olimpo (del que hablé en el primer artículo que escribí aquí en Astrobitácora), con unos 27 kilómetros de altura, es el triple de alto que el Monte Everest. Por su parte, el Valles Marineris, un sistema de valles que recibe su nombre por la sonda Mariner 9, que lo descubrió en 1971, tiene una profundidad de 10 kilómetros y una extensión de más de 4.000 kilómetros.

El Monte Olimpo también es el volcán más grande del Sistema Solar, con un diámetro de unos 600 kilómetros. Es un volcán en escudo, con pendientes que van inclinándose gradualmente, fruto de las erupciones de lava que recorrían enormes distancias antes de solidificarse. En la actualidad, hay muchos otros volcanes de diversos tamaños, y es posible que todavía haya erupciones menores en la superficie.

El Valles Marineris, fotografiado por la Viking 1. Crédito: NASA/JPL/USGS - JPL Photojournal
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El Valles Marineris, fotografiado por la Viking 1.
Crédito: NASA/JPL/USGS – JPL Photojournal

El Valles Marineris, por su parte, se formó principalmente por la fracturación de la corteza a medida que ésta se estiraba. Los cañones dentro del sistema pueden llegar a tener 100 kilómetros de ancho, convergiendo en la parte central del sistema de valles, en una región de unos 600 kilómetros de ancho. Los canales que emergen de algunos de esos cañones, y las capas de sedimentos, sugieren que en el pasado pudieron estar llenos de agua.

De hecho, todo el planeta está repleto de canales, valles y barrancos, que son indicativos de que debió tener agua. Hasta no hace tanto tiempo (varios millonse de años), la superficie de Marte tuvo que ser muy diferente de la que conocemos hoy en día. Es posible que ese agua todavía esté almacenada en rocas subterráneas, emergiendo cuando se dan las condiciones apropiadas.

Cráteres y planicies

La Hellas Planitia, fotografiada por las sondas Viking. Crédito: NASA/JPL/USGS
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La Hellas Planitia, fotografiada por las sondas Viking.
Crédito: NASA/JPL/USGS

Muchas regiones de Marte son muy llanas y de muy poca altura. Tanto es así que en las regiones más al norte están las planicies más lisas que se han encontrado en el Sistema Solar. El hemisferio norte, por lo general, tiene una elevación menor que el hemisferio sur. Esa diferencia podría ser una señal de que la corteza del planeta es más delgada en el norte que en el sur y, por tanto, podría ser indicativo de que, poco después de su formación, Marte sufrió algún gran impacto.

La cantidad de cráteres en Marte varía considerablemente de un lugar a otro en función de la edad de su superficie. Esos cráteres nos pueden proporcionar información muy interesante. Por ejemplo, la mayor parte del hemisferio sur es extremadamente viejo y está muy castigado. Allí se encuentra Hellas Planitia, el cráter más grande (más de 2.300 kilómetros de tamaño), mientras que el hemisferio norte es mucho más joven y apenas tiene cráteres.

Si observamos los volcanes, veremos que algunos tienen pocos cráteres. Eso sugiere que entraron en erupción hace no demasiado tiempo, y la lava cubrió cualquier cráter anterior a esa erupción. Por otro lado, hay cráteres que tienen depósitos de material a su alrededor poco comunes: parecen corrientes de lodo solidificadas. Si es así, indicaría que el impacto que lo originó sucedió en un lugar en el que había agua o hielo subterráneos.

Regiones polares

La capa polar norte en 1999. Crédito: NASA/JPL/Malin Space Science Systems
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La capa polar norte en 1999.
Crédito: NASA/JPL/Malin Space Science Systems

En ambas regiones polares hay grandes depósitos de finas capas de hielo y polvo, que llegan a extenderse hasta la latitud de 80 grados en ambos hemisferios. Seguramente fueron depositados por la atmósfera a lo largo del tiempo. Sobre estas capas, hay otras capas adicionales de hielo que permanecen congeladas todo el año, y que aumentan temporalmente durante el invierno marciano. Están compuestas de dióxido de carbono sólido, también conocido como hielo seco, que se ha condensado a partir del dióxido de carbono en la atmósfera.

En los días más fríos del invierno, las capas de hielo pueden llegar a aparecer a sólo 45 grados de latitud, es decir, a medio camino hacia el ecuador. Por la información que tenemos, esa capa de hielo seco tiene una textura muy similar a la de la nieve recién caída aquí en la Tierra.

Clima del planeta

Imagen de nubes fotografíadas por la sonda Viking 1. Crédito: NASA/JPL
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Imagen de nubes fotografíadas por la sonda Viking 1.
Crédito: NASA/JPL

Marte es mucho más frío que la Tierra. En gran parte se debe a su distancia al Sol. La temperatura media es de unos -60ºC, pero puede oscilar entre los -125ºC del invierno polar a unos agradables 20ºC en el verano ecuatorial. En promedio, la atmósfera es unas 100 veces más fina que la de la Tierra (en invierno es más tenue porque el dióxido de carbono se congela en el aire), pero es lo suficientemente espesa para que en ella haya fenómenos meteorológicos, nubes y viento. Con la ayuda del Mars Reconnaissance Orbiter de la NASA, hemos detectado nubes de dióxido de carbono. Es el único lugar del Sistema Solar donde existen.

Si hay algo en lo que Marte destaca, por encima de los demás planetas, es en sus tormentas de arena. Son las más grandes del Sistema Solar, llegando a cubrir todo el planeta durante meses. No está del todo claro cómo pueden llegar a tener un tamaño tan grande, pero una de las teorías es que comienzan con unas cuantas partículas suspendidas en el aire, absorbiendo la luz del Sol y calentando el aire a su alrededor. Poco a poco, se forman más bolsas de aire caliente hacia las regiones más frías, generando viento. Esos vientos, suficientemente fuertes, levantan más polvo del suelo, calentando la atmósfera, generando más viento, y levantando más polvo (y así hasta cubrir todo el planeta).

Marte en el Sistema Solar

Impresión artística de cómo pudo ser la superficie de Marte hace 4.000 millones de años. Crédito: ESO/M. Kornmesser
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Impresión artística de cómo pudo ser la superficie de Marte hace 4.000 millones de años.
Crédito: ESO/M. Kornmesser

Al igual que en el caso de la Tierra, el eje de Marte está ligeramente inclinado en relación al Sol. Por eso, la cantidad de luz que recibe cada parte del planeta varía significativamente durante un año marciano, y propicia la aparición de estaciones.

Las estaciones marcianas son bastante más extremas que las nuestras, porque la órbita de Marte es la más elongada de todos los planetas del Sistema Solar. Cuando está en su punto más cercano al Sol, el hemisferio sur está inclinado hacia la estrella, dándole un verano muy corto pero muy cálido, mientras el hemisferio norte experimenta un invierno corto y frío. Cuando se encuentra en el punto más lejano, el hemisferio norte experimenta un verano largo y suave, mientras el hemisferio sur experimenta un invierno largo y frío. En su recorrido alrededor del Sol, Marte llega a acercarse a 206 millones de kilómetros (1,4 veces la distancia más cercana de la Tierra al Sol, que es de 147,1 millones de kilómetros), y a alejarse hasta los 249,2 millones de kilómetros (1,64 veces la distancia de la Tierra al Sol en su punto más lejano, que es de 152,1 millones de kilómetros).

Las lunas del Planeta Rojo

Fobos. Crédito: NASA / JPL-Caltech / University of Arizona
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Fobos.
Crédito: NASA / JPL-Caltech / University of Arizona

Marte tiene dos satélites: Fobos y Deimos. Ambos fueron descubiertos por un astrónomo americano, Asaph Hall, en el transcurso de una semana en 1877. Casi se había rendido en su búsqueda de una luna alrededor de Marte, pero su esposa Angelina le animó a seguir insistiendo. Al día siguiente, descubrió Deimos, y seis días después Fobos. Nombró a ambos en honor a los hijos del dios griego de la guerra, Ares (el equivalente en la mitología griega a Marte). Fobos significa «miedo», mientras que Deimos significa «derrota».

Ambos satélites parecen estar formados de rocas ricas en carbono, mezcladas con hielo, y cubiertos de polvo y rocas sueltas. Son diminutos en comparación con la Luna, y tienen un aspecto irregular porque su gravedad no es lo suficientemente intensa como para darles una forma circular. El mayor ancho de Fobos es de 27 kilómetros, mientras que Deimos llega a los 15 kilómetros. Ambos están en rotación síncrona con Marte. Es decir, siempre muestran su misma cara al planeta, del mismo modo que sucede con la Luna vista desde la Tierra.

Deimos. Crédito: NASA/JPL-caltech/University of Arizona
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Deimos.
Crédito: NASA/JPL-caltech/University of Arizona

No sabemos cuál es su origen. Quizá se traten de asteroides que fueron capturados por el planeta, o bien se formaron a la vez con él (aunque todo parece indicar que la primera teoría es la correcta). Ambos satélites están en diferentes planes de la NASA para viajar hasta el planeta rojo en el futuro. Los puedes consultar en este artículo del blog de Daniel Marín. También sabemos que, en un futuro lejano, Fobos terminará precipitándose sobre Marte y, o bien se destruirá en el proceso, o bien se convertirá en un anillo alrededor del planeta.

Investigación y exploración

Marte es uno de los objetos celestes que mejor conocemos en el Sistema Solar. Galileo fue el primero en observarlo con un telescopio. En el siglo posterior, los astrónomos descubrieron sus capas de hielo polares. Ya en los siglos 19 y 20, algunos investigadores creyeron haber encontrado canales, que serían señales de la existencia de una civilización (entre estos investigadores estaba Percival Lowell, que también defendía la existencia de un noveno planeta en el Sistema Solar, que más tarde resultó ser Plutón). Algún tiempo después se demostró que, en realidad, esos hipotéticos canales habían sido confundidos con regiones oscuras.

La exploración con robots comenzó en la década de los 60, cuando Estados Unidos lanzó la sonda Mariner 4 en 1967, y las sondas Mariner 6 y 7 en 1969. Nos enseñaron que el planeta rojo es un mundo vacío, sin señal alguna de vida ni de las civilizaciones que se creía que podían existir allí. En 1971, la sonda Mariner 9 orbitó alrededor de Marte y creó mapas del 80% de su superficie, descubriendo sus volcanes y cañones.

La nave Viking 1, que se posó en Marte. Crédito: Mark Pelligrino/Wikipedia
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La nave Viking 1, que se posó en Marte.
Crédito: Mark Pelligrino/Wikipedia

La sonda Viking 1 tocó su superficie en 1976. Fue el primer aterrizaje con éxito. Tomó las primeras imágenes cercanas de la superficie, pero no encontró ninguna evidencia de existencia de vida. Las dos naves que, posteriormente, alcanzaron Marte fueron la Mars Pathfinder, que aterrizó, y la Mars Global Surveyor, que lo orbitó. Ambas fueron lanzadas en 1996. En la Pathfinder había un pequeño robot, llamado Sojourner, que fue el primer rover en explorar la superficie de otro planeta.

En 2001 se lanzó la sonda Mars Odyssey, que nos permitió descubrir que hay una cantidad considerable de hielo bajo la superficie (a un metro de profundidad). En 2003, el momento en el que Marte estuvo más cerca de la Tierra en los últimos 60.000 años, la NASA lanzó dos rovers más, Spirit y Opportunity. Este último ha celebrado, a principios de 2016, 12 años en la superficie del planeta rojo (a pesar de que su misión era, originalmente, de solo tres meses de duración).

Ambos exploraron diferentes regiones de Marte, y encontraron diferentes señales de que en el pasado hubo agua en su superficie. En ese mismo año, también se lanzó la Mars Express, de la Agencia Espacial Europea, que actualmente orbita alrededor del planeta junto a Mars Odyssey y la Mars Reconnaisance Orbiter (que fue lanzada en 2005).

En 2008, la NASA envió otra misión, Phoenix, para analizar las llanuras del norte. En 2010 perdimos la comunicación con el rover Spirit. Ya en esta década, en 2011, el Laboratorio de Ciencia de Marte de la NASA, con su rover Curiosity, comenzó a investigar las rocas marcianas para determinar los procesos geológicos que las crearon y obtener más información sobre la habitabilidad, en el pasado y en el presente, del planeta rojo. En 2014, la Mars Orbiter, de India, alcanzó Marte, convirtiéndose en la cuarta nación en lograr entrar en su órbita.

De momento no hay planes detallados, pero la NASA está trabajando en enviar astronautas en la década de 2030.

Esta es una microfotografía de Opportunity, que muestra una concreción de hematita. Indicativa de la presencia de agua líquida en el pasado. Crédito: NASA/JPL/US Geological Survey
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Esta es una microfotografía de Opportunity, que muestra una concreción de hematita. Indicativa de la presencia de agua líquida en el pasado.
Crédito: NASA/JPL/US Geological Survey

Quién sabe qué misterios nos esperan todavía en la superficie de Marte, y, sobre todo, si algún astornauta llegará a poner un pie allí en el futuro próximo…

Referencias: Space