La Agencia Espacial Europea ha informado de que se ha visto obligada a realizar una maniobra para esquivar un satélite de la constelación Starlink de SpaceX. Todo se debe, según se ha contado desde la compañía de Elon Musk, a un error durante el proceso de comunicación entre ambas organizaciones…

El satélite Eolo tuvo que esquivar un satélite Starlink

El satélite Eolo, de la Agencia Espacial Europea, tiene como objetivo analizar el comportamiento del viento, en la atmósfera de la Tierra, desde la superficie hasta una altura aproximada de 30 kilómetros. Algo que permitirá comprender mucho mejor el comportamiento global del viento y, además, ayudará a que el pronóstico del tiempo sea mucho más fiable en el futuro. Sin embargo, lo que Eolo no puede hacer es pronosticar futuras colisiones con otros satélites. Y, a decir verdad, la mayoría de satélites tampoco cuentan con esa capacidad.

La ESA obligada a esquivar un satélite de SpaceX
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Concepto artístico del satélite Eolo en el espacio. Crédito: ESA – P. Carril, 2010

Por ello, generalmente, las operaciones y el control de las trayectorias de los satélites se hacen desde la superficie. El ejército de EE. UU. fue el que dio la voz de alarma, avisando a SpaceX y a la ESA de 1 posibilidad entre 50 000 de colisión a 320 kilómetros de altura. Es muy inferior a lo que se considera la franja necesaria para ejecutar alguna maniobra de evasión, que es de 1 entre 10 000. Así que ambas organizaciones acordaron que no era necesario llevar a cabo ninguna maniobra. Hasta aquí, todo va según lo previsto. Sin embargo, el 30 de agosto, la situación cambió.

Los datos de la ESA indicaban que el riesgo de colisión era de 1 entre 1000, y desde SpaceX estimaron que era de 1 entre 591. Eolo y el satélite Starlink 44 podían colisionar si no se hacía nada. Así que uno de los dos satélites debería ser desplazado de su órbita para evitar males mayores. Aquí es donde la historia se sale de lo habitual. Generalmente, las partes implicadas acuerdan quién debe maniobrar su satélite y todo queda, básicamente, en una anécdota sin mucha más importancia. Pero, en este caso, la ESA no logró contactar con SpaceX.

Un error puntual pero preocupante a largo plazo

Según se ha sabido ahora, desde la compañía de Elon Musk, aseguran que todo se debe a un error en los sistemas de comunicación. SpaceX no llegó a recibir los mensajes posteriores de la Agencia Espacial Europea. Ante este escenario, fue la propia agencia la que decidió que Eolo cambiase su órbita para esquivar al satélite de comunicaciones. Ahora, SpaceX está llevando a cabo un análisis para determinar qué es lo que sucedió. El suceso es una oportunidad desaprovechada, porque SpaceX debe demostrar que es capaz de operar correctamente en este entorno.

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Despegue del cohete Falcon Heavy desde Cabo Cañaveral. Crédito: SpaceX

De momento, Starlink está formada por 60 satélites. Pero esa constelación, en los próximos años, aumentará hasta los 12 000. Son muchos satélites y, por tanto, muchas más posibilidades de que haya alguna colisión en el futuro. La compañía de Elon Musk ya ha comunicado, en alguna ocasión, que los satélites tienen un sistema automático que les permite reconocer posibles colisiones. No solo eso, desde su lanzamiento, en mayo de 2019, han llevado a cabo 16 maniobras de evasión, de forma completamente autónoma.

Lo curioso es que, en este caso, seguramente Starlink 44 debería haber cambiado su órbita. El satélite Eolo lleva más tiempo en ella, desde hace 9 meses. Por lo que el satélite más reciente es el que debería haber modificado su trayectoria. Esto, en cualquier caso, se convertirá en algo mucho más habitual en el futuro. Como han comentado desde la propia Agencia Espacial Europea, cuantos más satélites haya en órbita, mayor será el riesgo de colisión entre alguno de ellos. Y, por tanto, hace falta un sistema mucho más robusto.

Un sistema automático para esquivar a otro satélite

La intervención humana es posible siempre que no haya una gran cantidad de posibles colisiones. Si además de Starlink sumamos otras constelaciones de satélites, que se quieren lanzar en los próximos años, el entorno de la órbita baja de la Tierra será un lugar muy concurrido. Tanto que, probablemente, será muy difícil que la intervención humana sea capaz de evitar todas las posibles colisiones. Esto lleva, por tanto, a la necesidad de plantear un sistema autónomo. Esos satélites deberían ser capaces de corregir su rumbo por sí mismos.

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Impresión artística de un satélite GPS-IIRM en órbita. Crédito: US Government

Sin embargo, es solo una solución hasta cierto punto. Por un lado, no todos los satélites, pensando en los que se hayan lanzado antes, tendrán un sistema autónomo. Por otro lado, también hay que tener en cuenta que hay basura espacial, que no tiene ningún sistema de maniobra. ¿Es posible que un sistema automático determine que es el otro satélite el que debería esquivar, en vez de sí mismo? Si fuese así, y la colisión fuese con basura orbital, se produciría de todos modos. Sea como fuere, no será la última vez que oigamos este tipo de cosas.

Si todo va según lo previsto, se convertirá en algo todavía más habitual. La órbita baja de la Tierra va a estar cada vez más poblada de satélites. Nuestra capacidad para mantenerlos alejados unos de otros será clave para evitar que la cantidad de basura espacial vaya en aumento. Tarde o temprano, en cualquier caso, será necesario atajar el problema de la basura espacial. Una órbita baja de la Tierra más accesible implica más lanzamientos y más material en el espacio. Y si no se hace nada, nos esperan muchos problemas…

Referencias: Forbes