«El cosmos es todo lo que es, todo lo que ha habido, y todo lo que habrá. Nuestra contemplación del Cosmos nos revuelve, sentimos un hormigueo en la espalda, un nudo en la garganta, una sensación débil como si de un recuerdo lejano se tratase, de caer desde una gran altura. Sabemos que nos acercamos al mayor de los misterios».

Si no has oído nunca esta frase, impresiona, ¿verdad? Así comienza Cosmos, el documental de Carl Sagan que acercó a las televisiones de millones de personas algo que escapa a nuestra comprensión de una manera única, y con una pasión y entrega que, seguramente, no volvamos a ver en generaciones…

 Explicando lo incomprensible

«El tamaño y edad del Cosmos están más allá de la comprensión humana ordinaria. Perdido en algún lugar entre la inmensidad y la eternidad está nuestro pequeño hogar, La Tierra. Por primera vez tenemos el poder de decidir el destino de nuestro planeta y de nosotros mismos. Es un tiempo de gran peligro, pero nuestra especie es joven y curiosa, y valiente. Es muy prometedora.  En los últimos milenios hemos hecho los descubrimientos más sorprendentes e inesperados. Creo que nuestro futuro depende poderosamente de cómo comprendamos este Cosmos en el que flotamos como una mota de polvo en el cielo por la mañana.»

Cosmos es, probablemente, el gran legado del brillante Carl Sagan. No pretendo hacer una biografía sobre él en este artículo (entre otras cosas porque hay grandes trabajos biográficos sobre su figura que merecen ser leídos con detalle para entender una de las mentes más fascinantes del siglo pasado), pero no puedo dejar pasar la oportunidad de escribir un artículo (que probablemente sea mucho más flojo que otros que haya escrito en el blog hasta este momento) sobre ese trabajo audiovisual, que, a principios de los 80, consiguió acercar a millones de personas (quizá vosotros mismos, o vuestros padres) a conceptos y términos que se habían considerado demasiado difíciles de explicar, y que a día de hoy sigue siendo fascinante.

El gran mérito de Carl Sagan no solo fue conseguir explicar algo tan complejo (e intrínsecamente difícil de explicar) como el Universo, si no también inspirar a muchos científicos y transmitir la pasión que sentía por su trabajo. En ningún momento se resignó a tratar al espectador como un ignorante de mente limitada que pudiera no llegar a entender de qué estaba hablando. En su lugar, se aseguraba de que proporcionaba suficiente contexto para lo que estuviese explicando, y, sobretodo, de que el espectador sintiese que estaba siendo tratado como un igual.

«Un pequeño punto azul reposando en un rayo de luz. Aquí está. Ahí es donde vivimos. Es nuestro hogar. Los humanos somos una especie y éste es nuestro mundo. Es nuestra responsabilidad cuidarlo. De todos los mundos en nuestro sistema solar, el único que sepamos hasta el momento,  agraciado por la vida».

Al ver Cosmos, es importante que tengas en mente el contexto histórico en el que se emitió (y escribió). En 1980 todavía estábamos inmersos en la Guerra Fría y el miedo a la extinción de la especie por culpa de una guerra nuclear a gran escala era muy real. Carl Sagan habla muchas veces (y en ocasiones en gran detalle) de su preocupación por el futuro de la civilización, y de cómo, en el pasado, hemos pasado por situaciones tan nefastas como hoy en día (aunque sin ese fantasma de la extinción). En su paseo por nuestra historia, y cómo hemos llegado hasta aquí, descubrirás cosas sorprendentes, y verás la influencia de la religión en el desarrollo de nuestra civilización, o como ya los antiguos griegos tenían un conocimiento que (salvando las distancias) no estaba tan lejos de lo que sabíamos a principios del siglo pasado.

La música de las estrellas

Hay un tercer factor en Cosmos que lo hace especial (el primero es su gran comunicador, el segundo eficacia y sencillez para explicar cosas que a priori pueden parecer difíciles de entender, o resultar aburridas), y es sin duda su banda sonora. Las melodías de Vangelis hacen que la serie pase de ser un muy buen documental a convertirse en algo capaz de invitar a dejar volar la mente mientras la Nave de la Imaginación nos lleva a otras galaxias, a mundos distantes, a púlsares, supernovas… Es un ingrediente fundamental que también, en gran parte, es culpable de que estemos ante la mejor obra de divulgación de nuestros tiempos.

 

No se puede comprender Cosmos sin ninguno de esos factores. Cosmos es la inspiración a dejar volar la imaginación (dentro de las reglas de la Ciencia), a elucubrar e imaginar mundos y teorías imposibles. Serán otros, probablemente, los que nos ayuden a perfeccionar nuestro entendimiento del mundo y los que enriquezcan nuestra visión y comprensión del universo (no todos tenemos madera de científico o hemos seguido ese camino), y las generaciones venideras verán nuestra ignorancia con simpatía, del mismo modo que nosotros vemos a los que nos precedieron hace siglos… Carl Sagan nos invitó a reflexionar sin miedo a equivocarnos, sin miedo a que pensásemos, que, simplemente, solo un pequeño grupo de elegidos estaba suficientemente preparado para entender la magnificencia del universo, o la maravilla de nuestra propia existencia.

Cosmos ha envejecido muy bien

A pesar de que han pasado más de 30 años de su emisión (fue actualizada en los 90 con más información en algunos capítulos), Cosmos sigue siendo muy vigente y no ha quedado muy desactualizada (incompleta quizá en algunos aspectos, pero definitivamente no obsoleta). Es una gran introducción a un mundo de misterio, y una invitación a la reflexión más profunda.

Por eso deberías ver Cosmos, porque te cautivará, te llevará a lugares y momentos de los que probablemente hayas oído hablar, pero quizá no con tanta claridad, o con tanta pasión, te hará cuestionarte cosas que no te habías cuestionado, o verlas con una perspectiva totalmente diferente.

Si no te manejas bien con el inglés, el doblaje español es muy bueno. Eso sí, al menos una vez, durante sólo cinco minutos, te recomiendo que escuches a Carl Sagan en su versión original. No esperando que entiendas lo que dice, si no para que veas la pasión que transmite en lo que cuenta, como lo cuenta. Su mensaje final, de esperanza, es el recordatorio de que incluso en nuestros momentos más oscuros (como especie y como individuos) siempre hay un rayo de luz, un motivo para seguir adelante.

«Nuestras lealtades están con la especie y el planeta. Hablamos por la Tierra. Nuestra obligación por sobrevivir y florecer nos la debemos no sólo a nosotros mismos, si no también a ese Cosmos, antiguo y vasto, del que provenimos.»