No todas las estrellas de la Vía Láctea se formaron en nuestra galaxia. Una pequeña cifra tuvo su origen en otros lugares del cosmos. Ahora, un grupo de investigadores ha descubierto una estrella intergaláctica. Y tienen bastante claro cuál es su origen…

J1124+4535, una estrella intergaláctica

En la constelación de la Osa Mayor, un grupo de investigadores ha descubierto la presencia de una estrella intergaláctica. Es decir, su origen no está en la Vía Láctea, como el del resto de 200 000 millones de estrellas que la componen. Pero, ¿cómo se puede determinar que su origen no está en este lugar del universo? Es su propia composición química la que se convierte en una pista muy importante. Porque J1124+4535 no se parece en nada a las estrellas que podemos encontrar en nuestra galaxia. La abundancia de sus elementos varía.

Descubren una estrella intergaláctica en la Vía Láctea
La Vía Láctea, y galaxias cercanas, vista por la sonda Gaia. Crédito: ESA/Gaia/DPAC

Así, muestra una escasez de magnesio y hierro. Dos elementos relativamente abundantes en el interior de las estrellas de nuestra galaxia. Por otro lado, muestra una gran abundancia de Europio, uno de los elementos químicos menos frecuentes en el universo. Contiene una concentración que es superior incluso a la que podemos encontrar en el interior del Sol. Esa composición diferente indica que su origen es distinto al de la mayoría de estrellas. Así que la siguiente pregunta es completamente lógica. ¿De dónde viene?

La respuesta más obvia es que viene de otra galaxia. Algo que, por otro lado, no resulta sorprendente. Sabemos que las colisiones entre galaxias son muy comunes. De hecho, las podemos entender como un paso más en la evolución de la vida de una galaxia. Tarde o temprano, colisiona con sus vecinas y termina convirtiéndose en parte de la misma galaxia (si es pequeña) o dando lugar a una galaxia completamente diferente. La Vía Láctea y Andrómeda, sin ir más lejos, están destinadas a chocar en unos 4 500 millones de años.

Buscando el origen de una estrella intergaláctica

Por suerte para nosotros, la composición química de J1124+4535 no es completamente desconocida. Aunque es poco frecuente en el universo, ya se ha observado en galaxias enanas alrededor de nuestra galaxia. Es el caso de la galaxia Enana de la Osa Menor y de la galaxia Enana de Sculptor. Así que la conclusión para los investigadores parece lógica. Seguramente, J1124+4535 es una estrella intergaláctica formada de una galaxia enana. Esa galaxia, en algún momento del pasado, chocó con la Vía Láctea y fue absorbida por completo.

Esta región de la Gran Nube de Magallanes es una zona de formación de estrellas. Crédito: European Space Agency (ESA/Hubble)

Sus estrellas se incorporaron a la Vía Láctea y cualquier huella de esa vieja colisión, probablemente, haya desaparecido en la actualidad. Pero sabemos que nuestra galaxia ha absorbido diversas galaxias enanas a lo largo de su historia. No solo en el pasado, lo está haciendo incluso ahora. La Vía Láctea está chocando con la galaxia Enana Elíptica de Sagitario, en un proceso que lleva en marcha desde hace miles de millones de años. En el futuro, no quedará rastro de esa colisión y sus estrellas se habrán incorporado a nuestra propia galaxia.

Así que J1124+4535 parece encajar en ese mismo grupo. Aunque no hay estimación alguna de cuándo se pudo producir esa colisión, sí se han publicado algunos datos de la estrella. Su órbita alrededor del centro de la Vía Láctea la lleva a acercarse a 11 000 años-luz, mientras que su máximo alejamiento está situado a 42 000 años-luz. Forma parte de la corona de la galaxia, la región difusa, y esférica, que rodea al disco de la galaxia propiamente dicho. Las estrellas comparten orígenes con aquellas que se han formado en el mismo lugar…

No es la única estrella intergaláctica

Aunque J1124+4535 es la primera estrella intergaláctica detectada, no es la única que podemos esperar encontrar en la Vía Láctea. De hecho, si encontramos otras que muestren la misma composición, cabe suponer que su origen podría estar en la misma galaxia enana de la que procedió J1124+4535. Porque las estrellas formadas en un mismo lugar comparten características. Se formaron a partir de la misma nube de material y, por tanto, a partir de las mismas proporciones y abundancias de los diferentes elementos que la componen.

Estrellas fugaces (Perseidas) y la Vía Láctea sobre el Monte Rainier. Crédito: Matthew Dieterich

Aunque no hay muchos más datos, el descubrimiento de estrellas como J1124+4535, y otras con composiciones diferentes, podrían servir para entender mucho mejor cómo ha sido la historia de la evolución de nuestra galaxia. El estudio de astros como este permitirá comprender cuántas colisiones diferentes han tenido lugar en la Vía Láctea. Así como, probablemente, deducir cuál podría ser la evolución futura en la colisión de otras galaxias enanas, como la que está teniendo lugar con la Enana Elíptica de Sagitario.

Habrá que seguir con atención los anuncios que se hagan en el futuro. Los investigadores continuarán estudiando el firmamento y no es descartable que encuentren más estrellas similares en el futuro. La Vía Láctea tiene un pasado mucho más convulso de lo que podría parecer a simple vista. Su interior no solo alberga estrellas formadas aquí. También astros llegados de otras galaxias, que dejaron de existir hace miles de millones de años. ¿Cuántas colisiones descubriremos en el estudio de astros con una composición diferente?

Estudio

El estudio es X. Qia-Fan, Z. Gang, A. Wako et al; «Evidence for the accretion origin of halo stars with an extreme r-process enhancement». Publicado en la revista Nature Astronomy el 29 de abril de 2019. Puede ser consultado en este enlace.

Referencias: Science Alert, IFLScience